Ahorra tú llanto para el día

que abandonado en el camino

descubras

que has perdido la capacidad de caminar.

 

Ahorra tú risa

para cuando necesites

escuchar algo en el silencio

que no te deje enloquecer.

 

Ahorra tus palabras

para conversar contigo mismo

mientras esperas ser rescatado.

 

Y para el final

 guarda tú locura

para creer que te encuentras en casa

cuando agotado

dejes de respirar.

 


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