LA MIOPÍA DEL MINOTAURO
 

 

Lo primero que vi al encender la luz de la recámara, fueron sus facciones, como detenidas en una mueca de horror. Miraba hacia mí, como si alguna cosa hubiese atravesado el umbral, justo antes de que yo llegase, y que le hubiese tomado por sorpresa.


Me quedé inmóvil junto a la puerta, con la mano aún en la manilla y esperé. Me pareció que pasaba mucho tiempo.


Se veía helado, aunque indudablemente vivo.


Me le acerqué con calma y lo observé con más detenimiento.
Las aletas de su nariz se contraían en un mínimo. Con uno de mis dedos, toqué el su brazo derecho.


Su posición indicaba que estaba a punto de ponerse de pie.
Todo indicaba un susto, algo repentino que yo no podía entender.
Hasta que me di cuenta, que era yo mismo.
 


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