LA CENA
La cena, aburrida como siempre, duró cerca de una hora. Ninguno de los tres
había visitado ese restaurante antes. El mesonero nos parecía entrometido y la
chica de la barra, espantosamente común. El ambiente era familiar, la música
suave, se escuchaba el tintineo de los platos y copas que venían desde la cocina
o el salón de al lado. Aún sin acabar el plato, dejé los cubiertos y encendí un
cigarrillo. Los otros seguían masticando la carne y los vegetales.
Llamé al mesonero, le pedí que retirara el plato y que me trajera un vaso de
agua.
Aspiré el cigarrillo y me eché atrás en la silla.
Juan levantó la vista por un segundo y me observó. Yo seguía mirando el techo,
aparentado no saber nada de todo aquello.
- Está sucediendo otra vez. - dijo.
Me enderecé un poco y le pedí que repitiera lo que había dicho.
- ¿Está sucediendo otra vez? -
Marcos, siempre glotón, devoraba con ansias el plato de judías.
- No... o no lo sé -
Al minuto regresó el camarero con el vaso, preguntó si alguien deseaba algo,
pero nadie contestó. Agarré el vaso y bebí con calma hasta acabarlo.
- No, creo no, parece que no sucede nada. -
Nadie me prestó atención.
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