DER HUND

 

miro nuevamente sobre mi hombro izquierdo, pero nunca alcanzo a verme a mi mismo. por más rápido que voltee, he desaparecido. entonces empiezo a enfurecer.
cada vez que me entran los ataques me da lo mismo y duro así toda la noche y todo el día siguiente con su noche, y así una semana entera o dos o tres... hasta que me detengo y dejo de pensar.


entonces lloro por un rato y vuelvo a mi rutina de todos los días.
a veces pienso que es en ese momento cuando en realidad me encuentro a mi mismo, y me entra una gran alegría y me siento tan feliz... pero ya llevo más de un mes y nunca puedo encontrarme, y me pregunto si acaso me habré perdido, y eso es fatal. la búsqueda se vuelve frenética y dejo de dormir y de comer y lo único que me mantiene vivo es poder voltear sobre mi hombro, aún sabiendo que no me encontraré, pero guardando la esperanza de verme allí al momento siguiente.


regreso cien, doscientas trescientas cuatrocientas y hasta quinientas veces al día y siempre encuentro a otro y no a mi. ellos me miran, o él me mira, y todo empieza a oscurecerse hasta que caigo dormido. luego despierto y no sé cuánto he estado así.


espero una y dos horas para volver a mirar sobre mi hombro porque soy un cobarde y un miedoso. pero después lo olvido, y vuelvo otra vez, y soy más cobarde y aún más miedoso. y olvido que lo he olvidado. miro y a veces lo encuentro a él y a veces no encuentro nada.
cuando no encuentro nada me invade una inmensa sensación de sosiego y llego a saber que no hay nadie allí atrás, que no hay nada oculto, entonces todo aparece como un rayo de sol en la mañana en la estación del tren.


retorno mil veces sobre mi hombro y él ha desaparecido, se ha esfumado... o se esconde...
¿y si se escondiese en mi flanco derecho, tras el que nunca miro? ahora puedo sentirlo allí, frío sobre mi cráneo, y me aterro ante la idea de que todo sea cierto. tal vez ha estado allí siempre, como tal vez no...


decido no volver a voltear sobre mi izquierda, de seguro no veré nada más.
pero esa calma que me produce mirar sobre mi izquierda, no me deja mirar sobre mi otro flanco.


debo mirar sobre la derecha.
y me preparo...

llevo tres días sin mirar por mi izquierda; cada vez que me invade la horrible sensación de la mirada sobre mi cráneo, intento olvidarlo todo y cierro los párpados para no pensar más. los cierro quinientas veces al día.


siento acercarme más y más a mi derecha, y me pregunto por eso extraño que me hiela y un vacío enorme y monstruoso se abre ante mí amenazando con tragarme.


hasta que al fin muevo mi cabeza, y ya puedo sentir el revolotear en mi estómago; la giro lentamente describiendo un semicírculo en mi cuello.
poco a poco atisbo un hombro.


hay algo que me observa, y no puedo retirar la vista.


todo es como una ventana, y me embarga la horrible necesidad de saltar por ella.


de pronto, como un rayo de luz nocturno en la estación del tren, recuerdo con amargura que soy un cobarde.
vuelvo la mirada sobre mis pasos, volviendo eterno retorno,
mirando
cada vez con más frenesí sobre mi hombro
iz quierdo.
entonces sé que he regresado.
 


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