Pequeña Lectura del Miedo

 

En medio del caos
buscamos la belleza.
Ya no para besar
ni para tomar tu cuerpo
como un durazno
entre los ardientes jardines.
No quiero mojar tu cabeza
y tus senos
en la cantante fuente
para saciar mi cansancio
después de buscarte.
Ya envejeció mi corazón ansioso,
con su mirada lasciva
y sus manos incansables.

Te busqué por el camino
en que se pierden todos los viajeros.
Al final te encontré
en un jardín edénico
donde no estabas.
Eras un cisne blanquísimo
de negros y largos cabellos,
y en esa forma me llevaste al lago,
oscuro y profundísimo,
donde quedé muerto.

Comí de un fruto
que me causó
apacible locura.
Sólo me sentí bien
en los lugares donde todo se confunde,
donde los rostros son todos los rostros
que producen espanto placentero.
O que otras veces no se comprende
cómo las personas cambian de identidad
por los llamados ligeros de la sangre.
Toqué a los seres amados de mi evocación
y ella me amaba.

Se me presentó la infinita noche
como único lapso de la verdadera vida.
Y en el libro de la noche,
donde leí "ella",
al cambiar de página
encontré la insinuación de mi destino.

En el reino del día
busqué "mi" preciada noche,
que se escapaba.
Me volví loco en el camino
que gusta de perder a los viajeros.
Y se llenaron de prudencia
mis viejos huesos.

"Paciencia",
Murmuró el viento.

Y la inmensa sombra llegó a mí
cuando me convertí en árbol;
en el reino del día
a "mi" pequeña sombra
la retuve en un abrazo.
 


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