Dualidad
El cielo está roto. Sus llagas
reticulares aún tienen restos de sangre. Puedo percibir su pus hedionda y
putrefacta. Este ver hacia arriba es un abismo que nos aleja. Es el caer más y
más profundo y circularnauseabundo. Es el cerrar los ojos tensar el cuerpo
apretar los párpados y llorar con mucha fuerza gritar luego tener la mente en
blanco el rostro desencajado de dolor pero no sentir nada ya basta de todo.
Oír el caer ordenado, como marcha militar, de gota tras gota de agua de aceite o
quizá de sangre. Sangre dulce ¿de quién? De nosotros del pensar del vivir agua
viva de la muerte o del cielo: inmensa piel de otro cuerpo cayendo a un abismo
más grande que el nuestro.
El próximo diluvio es de sangre
Nosotros, los salvos, subiremos flotaremos más alto que el
universo, tan más allá que nos parezca una sola gota, una piedra tal vez de la
eternidad del placer de la perfección del gozo que se pueda tomar en una taza de
café mientras nos miramos ansiosos amorosos tiernos dulces y bellos.
Somos dos en este juego de felicidad y tristeza.
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