Viaje de Ida
Creo saber cual es el momento del día en que los árboles se ven mas verdes.
Creo poder estar viviendo el segundo en que las hojas tienen mas brillo, y el
paisaje, todo su esplendor.
Creo haber encontrado el instante en que la vida, antes oculta, antes no
expuesta manifiestamente, renace...
Creo haber descubierto el intervalo, en el que el cielo diáfano, se ufana en
mostrar su color.
Creo, finalmente, haber hallado el espacio perfecto.
Reviven los instantes, los momentos y el tiempo, cuando la vista recobra sus
tesoros, usurpados en la ceguera de una noche, impregnados de hermosura y
viciados de eternidad.
Es el viaje que recorro hoy, día a día. Es el paraíso que contemplo hoy, como
siempre.
Miles de pinos se ven, como dioses, imponentes a la vista. Matices infinitos
decoran una acuarela verdosa, interminable.
Y los pastos lisos, llanos y perfectos, con tonos de blanco que resurgen de un
verde más claro, allá cuando el sol los ilumina, en los pastizales.
Y los árboles desnudos y vacíos, que se yerguen incólumes, como estatuas
perpetuas, de madera y tiempo.
Y los caminos que se bifurcan, partiendo mil trazos, divergentes unos con otros,
presentando alternativas diversas...
Existen flores... ramos de ellas... que cuelgan como péndulos, de los árboles;
algunas, formando una corona de estrellas; otras, desperdigadas como por un azar
juguetón; sutiles, vanidosas... presumiendo su color.
Hoy estoy feliz. Este viaje está siendo distinto.
Primero, porque no me senté del lado izquierdo, como siempre, sino que lo hice
del otro lado. Eso me obliga a observar un universo distinto, al que no estoy
acostumbrada. Es como si viera todo eso que veo del lado izquierdo, en
retrospectiva. Es como que, sentada del lado derecho, vea el lado de vuelta, de
regreso. Es como que todo lo que avanza el cielo y el paisaje, a medida que
estoy volviendo, estuviera retrocediendo.
Y además, porque vuelvo a ver cosas que siempre observo, que añoro cuando no
estoy viajando; que al verlas, me devuelven una sonrisa de placer, al solo
evocarlas.
Tan solo uno de estos instantes son suficientes y sirven de musa a la más bella
poesía.
Tan solo uno de estos colores... o una de estas vidas manifiestas; tan solo uno
de estos segundos... o de estos sentimientos, percibidos en conjunto, sirven
para inspirar y hacer artista, al más elemental de los aprendices de poeta.
Si el sol se oculta, la vida pronto deja de brillar con tanto ahínco.
Si el sol ya no está presente, los verdes pierden su encanto, y el cielo, su
brillo.
Por eso me di cuenta que existen días más grises...
Días opacos, porque el sol no resplandece.
Días apáticos, porque la vida pierde su brío.
Días desvaídos, porque los colores no insisten tanto.
Pero hoy no era así.
Hoy el mundo tenía su encanto.
Hoy, el universo entero vivía...
Hoy, era otro viaje más de ida.
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