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Los cuentos que leíste pertenecen a un libro que se llama “Todos los
sonidos de la calle” , fue escrito entre el año 95 y el 2000 y es un libro
duro, amargo, como lo fueron los años de vida en los que estuve haciéndolo.
Las historias que cuenta están enraizadas en la realidad que vivíamos aquí
entonces, aunque a veces refieran épocas anteriores. Traté de sacar a flote
la crueldad de muchas situaciones que me rodeaban, poner un espejo delante
de la cara de mucha gente... El libro se parece a mí, a cierta persona que
fui y a cierta zo na
recóndita _ muy recóndita ya _ del que soy ahora, pero no tanto como se
parece a otras personas y a lo que ocurre en este país mío. No partió
directamente de mis propias vivencias, pero tiene mucho de ellas, de lo que
vi o escuché en aquellos años.
Supongo que no pretendí tanto hacer un documento literario como sociológico
o ético. Sacudir de alguna manera es el propósito de ese libro, denunciar,
alertar... No es un libro agradable, más bien todo lo contrario, pero esto
es, sobre todo, porque es el reflejo de una realidad y esa realidad no es
agradable. Partí de un compromiso con no disfrazar, con no atenuar, con no
embellecer... Me empeñé en dar testimonio, me empeñé en transmitir las
mismas emociones que a mí me transmitía la realidad que estaba viviendo.
Toda crudeza me parecía poca... pero ya pasó, ya lo hice y no sé si sirva
para algo más que agredir... muchas personas que lo han leído se han
quejado, eso es mucho de su propósito, lo que no sé si he conseguido es
lograr que se perciba que pertenece a un país, a una ciudad, a determinadas
gentes signadas por un tipo muy particular de vivencias y violencia... El
que estoy haciendo ahora parte de lo que aprendí con el anterior, creo que
será muy diferente, pero aún no me atrevo a hablar mucho de él porque recién
lo estoy comenzando. De cualquier manera, no creo que la literatura tenga el
compromiso de ser agradable o “bonita” o “literaria”, no es un arma, pero si
un objeto multiforme y poderoso que puede ser utilizado como una espada, una
antorcha o un escupitajo, según sea necesario. Hacer literatura para contar
nuestras propias, intimas penas o sentimientos, me parece un propósito pobre
si se pretende llegar más allá del círculo de nuestros amigos y me parece,
desde cierto punto de vista, un juego pequeño, como coser un delantal o
disponer un adorno floral... pero claro, mi opinión es solo eso: una
opinión, cada cual hace la literatura que le parece o la que puede. Lamento
que no te hallan gustado, pero creo que es, sobre todo, cuestión de
búsquedas o simplemente de eso, de gustos. Me dices que tu buscas “la
crueldad disfrazada dulcemente” y recuerdas la imagen de mi ángel, sí, a
veces yo también puedo disfrazar dulcemente a la crueldad, a veces no.
Harold. |