Ganas de vos, simplemente me quedé con tantas ganas. De verdad que no sos vos, son mis ganas las que te buscan, las ganas de sentirte del otro lado, ese otro lado que cada vez se convierte más en esto, sigo con mis ganas extraviadas, se enredan en tu lengua invisible y me torturan con el sonido de tu voz, con el rastro que dejás aún sin ser presencia. Y mis ganas no respetan tus kilómetros y tus cuentas sobre el costo de la vida, ellas sólo atesoran el instante de tenerte consigo, qué le dirán las ganas de la mañana a las ganas de esta noche, cuando no estés, y entonces se revuelquen como demonios encarcelados en el precipicio del vacío. Pero es su culpa, y yo siempre se lo digo: tratá de saciarte ganas con lo que ya tenés, porque él es un ser inatrapable “ vos lo sabés tan objetivamente como yo” , y entonces llora, y yo le grito realmente enfurecida que las ganas llorando no van a ninguna parte y que es preferible extrañarte mil años que sufrirte!

Entonces finalmente calla, y decide aguardarte paciente ante la espera de lo ineludible, le existís como el universo se niega a pertenecer al mundo, pero aun así ningún techo es lo suficientemente denso como para robarnos el placer de encontrarlo. Muchas veces renegar de lo evidente se transmuta en la caricia perfecta que mi piel necesita, entonces comprendo por entero que ya no hay salvación ni camino de regreso, y bienvenidas sean estas terribles ganas de tenerte de nuevo conmigo.
 


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