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Fotografía
 Libre Albedrío : Fotografía
Asunto Tema: Alberto García Alix Responder mensajeEscribir nuevo tema
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Sencilla
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Ingresado: 12 Junio 2004
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Escrito el: 06 Diciembre 2008 a las 10:45 | IP registrada Citar Sencilla



A través de la pluma magnífica de Antonio Muñoz Molina.

"El alma de la fotografía es el encuentro", dice Alberto García-Alix. Uno va al Reina Sofía creyendo que va a encontrarse una exposición de fotos y desde que entra en ese laberinto de antiguas salas de enfermedad y muerte lo que encuentra es mucho más: una crónica, una novela, una confesión, una noche oscura del alma, un viaje al fin de la noche, un viaje de ida y vuelta que es la refutación de su misma imposibilidad. De donde no se vuelve. Por las escaleras y las esquinas, por los corredores del museo, yo percibo siempre el escalofrío de su antigua condición de hospital. En un lugar así los personajes de Alberto García-Alix revelan su condición frecuente de enfermos y difuntos, de seres dañados literalmente por golpes o navajazos o por su propia decisión de elegir el desastre. También es más fácil de entender aquí (en estas salas donde tantas veces se quedaría en la almohada de una cama recién desocupada el hueco de la cabeza de un muerto) el talento de García-Alix para retratar la ausencia: la camisa de alguien muy querido que murió, la camisa estrujada y llena de sangre de una mujer asesinada, un par de zapatos, una ventana, una pared vacía. Al final, viene a decirnos, presencia y ausencia son lo mismo, porque nada nos retrata mejor que el vacío que hemos dejado al salir de una habitación o que las cosas cotidianas que usamos; y porque esa cara rotunda que nos mira desafiándonos en un primer plano, como queriendo imponernos no sólo su presencia física sino también las normas según las cuales debemos mirarla, muy pronto habrá sido modificada por la desgracia o el delirio y por el paso del tiempo y más pronto o más tarde habrá dejado de existir.



“Mi alma de cazador en juego.
Los transeúntes pasan y se van.
Nada que nos una
y un sonido que ellos no perciben
por un momento nos ata” (Alberto García-Alix)

Pero no sólo recorremos una galería de retratos de personajes familiares o anónimos y un mapa de lugares que tienen en común su cualidad extraterritorial (habitaciones de hotel, descampados, bloques gigantes de apartamentos recién terminados en los que todavía no vive nadie, patios de vecindad en ese momento hondo de la noche en el que ya quedan muy pocas ventanas iluminadas, o en ese otro del principio del amanecer en el que ya se han encendido las luces en los dormitorios y las cocinas de los más madrugadores y en el que la luz todavía débil de la mañana no borra la de las farolas). También asistimos a la crónica de unos tiempos que parecían el ayer mismo hasta hace poco y ahora se han vuelto muy lejanos, y a un relato que tiene una arquitectura sofisticada de novela y un desgarro de confesión personal. En los últimos setenta, en los primeros ochenta, la vindicación pop del presente y de lo nuevo parecía implicar una garantía de perpetua juventud. Viejos eran otros, y lo habían sido desde siempre: los padres, por ejemplo, con sus trajes formales y sus gafas de concha anticuadas, las madres con sus batas caseras, con sus sonrisas de obstinado y desfallecido optimismo; viejos eran los barbudos y los melenudos, los del rock sinfónico, la canción protesta, el espesor ideológico. García-Alix hizo entonces la crónica de lo instantáneo, de lo que estaba sucediendo delante mismo de sus ojos, y por eso fue fácil tomarlo distraídamente por un fotógrafo de moda y de lo que estaba de moda: ciertas indumentarias y tipos de peinado, celebridades mayores o menores del momento, a medio camino entre la frivolidad y el malditismo.

Pero lo que hacía en realidad y no ha dejado de hacer desde entonces es lo que no ha hecho casi nadie más con esa suma de verdad y de talento, con esa desvergüenza, no sólo para ser testigo del esplendor y de la destrucción de los demás, sino para mirarse a sí mismo. Una y otra vez, a lo largo de treinta años, Alberto García-Alix se ha sometido al escrutinio de su cámara con una valentía más admirable aún en un país en el que todos, siendo tan propensos al exabrupto ronco y a las proclamaciones terminantes, somos sin embargo de una mojigatería extrema a la hora de escribir en primera persona sobre nosotros mismos. La crónica tendría trampa si no fuera también una confesión; la mirada que retrata inflexiblemente los paraísos artificiales y los infiernos de los otros tendría algo de espionaje morboso si no se volviera hacia el fotógrafo para mostrarlo como uno de ellos. Diane Arbus perseguía a los raros y a los monstruos pero guardaba siempre la distancia en el fondo hipócrita de la observación: "Os busco y os espío pero no soy uno de vosotros", parece decirles, emboscada tras la cámara. La originalidad de un artista como Alberto García-Alix es inseparable de una decisión moral que no es menos rigurosa por jugar con el exhibicionismo y con la máscara, con la impostura, con la jactancia: si sabe tanto de esos mundos es porque él mismo ha viajado por ellos; si retrata el tenebrismo lívido del ritual de la heroína es porque alguna vez ese brazo en el que se hinca la aguja ha sido el suyo; quien lo probó lo sabe: si no lo supiera no habría podido retratar esa cara de expectación y pánico del que espera al dealer y no sabe si lo verá aparecer; no percibiría el drama de la primera luz del día en un paisaje de extrarradio ni la sonrisa ebria ni el peso de los párpados entornados de quien se perderá durante los próximos minutos en una especie de densa eternidad sin dolor.

Él ha estado en ese lugar de donde no se vuelve: él ha regresado, ha emprendido otros viajes. En una sala a oscuras del Reina Sofía, detrás de un cortinaje negro, yo veía la película o el montaje visual que ha hecho Alberto García-Alix con sus fotos y con las músicas que ama y con el metal de su propia voz y pensaba con envidia: qué novela. El viaje al pasado sucede a lo largo de otro viaje simultáneo a los confines del mundo y casi a los del porvenir. El porvenir que no pudieron conocer los que ya están muertos; el que mira el superviviente con la sensación de estar viendo por error un tiempo demasiado lejano para ser suyo: las autopistas, los callejones ruinosos, los rascacielos en construcción de Pekín, siniestros como acantilados de nichos. Una novela es una mirada y una voz y el lugar en el tiempo desde el que se cuenta la historia. Desde la máxima lejanía, una noche de otro siglo en Pekín, un hombre recuerda a los vivos y a los muertos y sostiene su propia mirada en el espejo de una habitación de hotel que se parece mucho a tantas otras que frecuentó en sus vidas pasadas. Pero en esa distancia en la que se ve perdido advierte signos familiares: ventanas iluminadas, claridades de amanecer sobre tejados pobres, caras de hombres y mujeres tan perdidos como él y en cuya fragilidad y locura se reconoce. Dispara la cámara y los retrata con ella, figuras emergiendo en la oscuridad, perdiéndose. El encuentro es el alma de la fotografía. -"


Aquí, algunas de sus fotografías.

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Obsidiana
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Ingresado: 26 Junio 2004
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Escrito el: 07 Diciembre 2008 a las 09:23 | IP registrada Citar Obsidiana

Excelente!!

Estas letras que surgen desde la profunda mirada de Muñoz Molina invitan a visitar y a sumergirse en ese universo de Alberto García Alix, un universo que revela una cautivante percepción abismal de la condición humana.
Sin duda alguna, es una magnífica e interesante exposición fotográfica!!

"...Al final, viene a decirnos, presencia y ausencia son lo mismo, porque nada nos retrata mejor que el vacío que hemos dejado al salir de una habitación o que las cosas cotidianas que usamos; "


Uf!!!!!! me encantó!!.... estas líneas y muchas otras!!!

Senci, gracias por compatir estos deleites aquí en este tópico!! Lo disfruteeeeeee!!!


Abrazos!!

Obsi.





Editado por Obsidiana en 07 Diciembre 2008 a las 09:27
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Sencilla
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Ingresado: 12 Junio 2004
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Mensajes: 5091
Escrito el: 08 Diciembre 2008 a las 09:31 | IP registrada Citar Sencilla



Obsi, esa frase que resaltaste también me encantó!, y me alegro de que disfrutaras como yo de la escritura de este hombre.
Para mí es un auténtico deléite leerlo.

Y ahora, para entender un poco mejor el sentido que le da este fotógrafo leonés a esa exposicion en concreto, dejo un texto escrito por él mismo (el cual tampoco tiene desperdicio) que nos permite sumergirnos un poco más en su mundo interior a través de ese enfoque tan particular.
Lo que está en negrita, es el título que le da a cada una de sus fotografías, esas que se pueden ver desde el enlace que dejé.



Alberto García Alix.

"Mi ojo febril miraba vorazmente potenciado por la lupa las fotos en las hojas de contactos. Cada una, un mar embravecido que me ahogaba en incertidumbres. ¿Porqué ésta no? ¿Porqué ésta sí? Necesitaba urgentemente un título para identificar este trabajo.

La tarde se había vuelto de plomo. Pesada. Abandoné el trabajo y tomé un libro de Beckett que estaba encima de la mesa. Fue una, revelación. Encontré en él la idea que aglutina estas fotos: un concepto poético. Es en este contexto donde todas las fotografías pueden convivir y encuentran un pulso común, un latido propio, expresivo, sonoro. «Llorando a aquella que creyó amarme» es el verso que da título a este conjunto de imágenes. Todas ellas tienen a la mujer como pretexto: esencia, motor y trasfondo.

Las mujeres aquí presentes, además de heroínas del relato poético, son mis cómplices. Esta complicidad del retratado es vital, sin ella no hay amor ni amistad, Yo creo haber recibido más de lo que he dado. Ésa es mi eterna deuda. Una deuda cada vez más Insondable, pues he acabado por encontrar en mí más faltas que en mis compañeras.

iQué razón tenía Susana! Me preguntó si creía que, con la vida que yo llevaba, ella podía ser feliz..., Aún así lo fuimos..." y mucho. Vivíamos en una nave industrial entre Pacífico y Vallecas, con un cuarto de baño al que ir en invierno era peor que ir a Siberia. Pero eso era lo de menos, lo compensaba nuestro Tálamo nupcial.

Un día sí y otro también, por aquella nave pasaba Fernando. Él fue quien, años antes, me presentó a la fotografía. Por cierto, la sentí mujer. Pues bien, allí, sobre una de las atiborradas mesas donde componíamos El Canto de la Tripulación, él escribió un sentido réquiem por Rosa, su antigua compañera: «Puedo decirte, mujer, que has sido marca en mi vida, la más sentida, la más querida. Pero el caballo te llevó por sendas que no pude seguir, a extremos que no acepté, a movidas tan irracionales y tan perdidas como esta de hoy». Para mí, Rosa era un ángel. Como Ana, que hace unos minutos me ha llamado desde Gijón. Me ha preguntado si me cuidaba... De despedida me ha dicho: «Sabiendo que tú estás bien, yo estoy mejor».

Una de mis primeras fotos es la de Jorge y Siomara. Él fue marido de Teresa, mi mujer de aquellos intensos años. Juntos descubrimos Tánger: vivíamos en el viejo Hotel Continental, y todas las mañanas y tardes que, el tiempo no acompañaba, pasábamos esas horas que se llaman perdidas, y no lo son, en su Salón de baile... Ella, que me conocía bien, si estuviese viva, reconocería en mí algo de aquel hombre que ayuda a la mujer en la foto que lleva por título Eternamente joven y seguro que miraría con sonrisa cómplice esa otra foto llamada La pareja o se le haría un nudo en la garganta ante Las cenizas de Cati.

Para sacar a Teresa del marasmo que causa la pena, le pondría delante otra foto y le explicaría que mis fotos no reflejan mi visión del mundo sino que son metáforas de mi visión del mundo. Lo cual, aun cercano, es muy distinto. Pues la metáfora siempre lleva consigo cierta poesía y mucha abstracción. A fin de cuentas, es un idealizado Escenario para un delito.

Hablar con lucidez y precisión a través del lenguaje que nos proporciona la fotografía no es fácil. Yo lo intento constantemente...constantemente. Aun así, conseguirlo no me quita el sueño; me desvela, más bien, atrapar en ella mis sentimientos, mis carencias, lo que me obliga a conocerme: Mi lado femenino.

En mis retratos siempre sale algo... ¿verdad... Virginia? Se enseña algo. Isa es así. Se oculta…. Blanca Li. Ana Curra me daría la razón, son cientos las noches y las fotos consumadas a su lado. Contar la historia que hay detrás de su retrato en Venecia amenizaría un largo viaje.

También Pamela. Es fotógrafa y trabajamos íntimamente juntos desde que iniciamos una travesía por el este de Europa desde Berlín. Ella comprende porqué sufro y porqué aprendo de aquello que no quiere salir. Este es el trabajo... Marga.

Cuando en Barcelona le pedí a La Cicciolina que me dejara tomarle un primer plano, me rogó que no le hiciera fotos de frente. Temía que se viese dolor. Justamente lo que yo deseaba.

Ya ves, nunca soy inocente, necesito poseer, cazar el momento, apropiarme de ese algo que intuyo... intencionadamente. Es culpa de la perversidad de la cámara. Obliga a mirar. Rita, Michelle, La esclava. Con la cámara, protegido y encerrado en mí mismo, he aprendido a observar. Decido cómo y dónde mirar. Aún más, he desarrollado una mirada frontal, una mirada de púgil, parapetado tras ella me convierto en un cíclope con un único ojo anhelante.

La fotografía también me ha convertido en un exhibicionista de mi intimidad. Una noche, mientras con una mano magreaba a mi chica, con la otra dejé el obturador abierto durante unos segundos. Salió Lo que dura un beso. Por eso, es inevitable encontrar en mis fotos un itinerario autobiográfico. Lo hay, pero no es más que polvo visible del camino. Polvo que se pega a mis fotografías. No es importante.

Creo, que el oficio del fotógrafo consiste no sólo en mostrar lo que ve, sino en convertirlo en verídico y emocionante... aportarle un aliento. Por esto hago fotos, porque me siento un fabulador, un cuentista, un aprendiz de poeta... que intuye, a su pesar, que sus fotos son la odisea de una catástrofe. En busca de Cenicienta. Está dicho".




Abrazos Obsi!!!

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Tormenta
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Ingresado: 06 Junio 2004
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Escrito el: 08 Diciembre 2008 a las 11:39 | IP registrada Citar Tormenta

mierda!!! pedazo de tòpico, nena.
aùn no he visto las fotos, pero las letras..... (ya sabes, siempre uno interpreta o toma lo que lee de acuerdo a lo que està viviendo en ese momento), y èstas....

p.d.: ya vi tu correo.. merece algo màs que un vago comentario como èste.
te quiero.



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"Comienza tu día con una sonrisa, verás lo divertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo."
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Sencilla
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Ingresado: 12 Junio 2004
Lugar: Spain
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Escrito el: 08 Diciembre 2008 a las 12:20 | IP registrada Citar Sencilla

Tormenta escrito:
mierda!!! pedazo de tòpico, nena.
aùn no he visto las fotos, pero las letras..... (ya sabes, siempre uno interpreta o toma lo que lee de acuerdo a lo que està viviendo en ese momento), y èstas....

p.d.: ya vi tu correo.. merece algo màs que un vago comentario como èste.
te quiero.




Yo a veces me pregunto por qué elijo esto, y no otra cosa para traer aquí.
Estos textos, esas fotos, esas personas en concreto, esos mensajes que lanzan desde su particular lenguaje, esa mirada introspectiva que alguien me ofrece para yo acampar a mis anchas sobre ello porque en cierta manera, algo me retrata a mí también.
Pero todo esto lo pienso después, y no creas, que a veces para variar, me asusto un poquito de mí misma.
Jajaja.

No te preocupes por responder al correo.

PD: Ande andará ese tóoopico???

Yo también te quiero!



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Obsidiana
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Ingresado: 26 Junio 2004
Conectado: Desconectado
Mensajes: 4900
Escrito el: 09 Diciembre 2008 a las 18:35 | IP registrada Citar Obsidiana

Senci...esta muy bueno el tópico!!

Leí las letras del fotógrafo. García Alix, retrata parte de su mundo interior, comparte con su público esa complicidad que representaron sus "heroínas" cada una en su momento.
Ví las fotografías... toda una poesía de imágenes!

Nuevamente gracias por este interesante tópico, Senci!!

Abrazos,

Obsi.







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