Certeza
>> Entre nosotros ya sólo quedan algunas marcas en la piel
que no conservo.
Caminamos mil veces sobre nuestras propias huellas
- Y no encontramos al señor dios de rodillas bajo nuestros rostros -.
La sonrisa indicada, palpable el dolor ajeno. La época inconcebible de ecos
mutilantes en la claridad.
Sobrepásalo todo...
Del blanco al negro sin ser color,
añoro aquel olor a fresas mohosas
suavidad distante.
Mutilaste las pupilas de la estrella que se escondía sobre mi cadera.
Dejando caer violentamente sus partes.
Los muebles de madera, rústica combinación para la bola de cristal que conservo
sobre la mesa.
Tú ojo verde.
Perdido en aquella guerra céltica de dragones y chamanes.
En donde podía escribir cualquier cosa sabiéndome oscura, ajena a la historia.
Estoy esperando tranquilamente sobre pieles de serpientes azules,
que cazábamos en horas de invierno sin nombre, ni alimento al alma.
Mis labios fueron sellados por su pezuña temblorosa.
Instante de alquimia.
La espuma escurría confundiéndose con el sudor,
proseguía cabalgando cubierto de llagas.
El corazón de mi amado aún palpitaba fuera de su cuerpo.
Lo coloqué sobre mi espalda,
pedí sangrante un mismo pecho donde cobijo dos sentimientos iguales,
y el exhalante perfume de vientres conocidos.
Alcanza el deseo más pequeño de entre las montañas pobladas
de gnomos agrietados
Hay algo dentro de mi, que sólo respira cuando me postro a la imagen de mí
misma.
Debí suponerlo:
Son tus caricias de amante que agonizan bajo el cuerpo de otra mujer
<<.
- Seré yo quién te bendiga -.
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