I
>>La niebla traspasaba el miedo de la noche, mientras
caballos corrían hacia un destino mortal. Sus jinetes en silencio lloraban la
larga espera de lo ineludible.
Yo, me guardaba en el palacio rodeándome de orquídeas y demonios en un tibio
blancor de porcelana.
Todo respiraba a la belleza.
Y entraste tú, haciendo caer de mi mano la copa derramando el vino.
Mi carne temblaba en un beso.
Paseabas por la habitación relatando una historia, para luego despojarme de mis
ropas
y bañarme de muerte.
Cuando ya no hubo más que decir o desear, abriste mi pequeño cofre y así robando
mi alma mientras dormía saliste de la habitación.
Inmortalizando una lágrima, añorando el jamás.<<
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