Torito
A la memoria de don Jacinto Cúcaro,
que en las clases de pedagogía del normal "Mariano Acosta",
allá por el año 30,
nos contaba las peleas de Suárez.
Qué le vas a hacer, ñato, cuando estás abajo todos te fajan.
Todos, che, hasta el más maula. Te sacuden contra las sogas, te encajan la
biaba. Andá, andá, qué venís con consuelos vos. Te conozco, mascarita. Cada vez
que pienso en eso, salí de ahí, salí. Vos te creés que yo me desespero, lo que
pasa es que no doy más aquí tumbado todo el día. Pucha que son largas las noches
de invierno, te acordás del pibe del almacén cómo lo cantaba. Pucha que son
largas... Y es así, ñato. Más largas que esperanza'e pobre. Fijáte que yo a la
noche casi no la conozco, y venir a encontrarla ahora... Siempre a la cama
temprano, a las nueve o a las diez. El patrón me decía: "Pibe, andáte al sobre,
mañana hay que meterle duro y parejo". Una noche que me le escapaba era una
casualidad. El patrón... Y ahora todo el tiempo así, mirando el techo. Ahí tenés
otra cosa que no sé hacer, mirar p'arriba. Todos dijeron que me hubiera
convenido, que hice la gran macana de levantarme a los dos segundos, cabrero
como la gran flauta. Tienen razón, si me quedo hasta los ocho no me agarra tan
mal el rubio.
Y bueno, es así. Pa peor la tos. Después te vienen con el
jarabe y los pinchazos. Pobre la hermanita, el trabajo que le doy. Ni mear solo
puedo. Es buena la hermanita, me da leche caliente y me cuenta cosas. Quién te
iba a decir, pibe. El patrón me llamaba siempre pibe. Dale áperca, pibe. A la
cocina, pibe. Cuando pelié con el negro en Nueva York el patrón andaba
preocupado. Yo lo juné en el hotel antes de salir. "Lo fajás en seis rounds,
pibe", pero fumaba como loco. El negro, cómo se llamaba el negrito, Flores o
algo así. Duro de pelar, che. Un estilo lindo, me sacaba distancia vuelta a
vuelta. Áperca, pibe, metele áperca. Tenía razón el trompa. Al tercero se me
vino abajo como un trapo. Amarillo, el negro. Flores, creo, algo así. Mirá como
uno se ensarta, al principio me pareció que el rubio iba a ser más fácil. Lo que
es la confianza, ñato. Me barajó de una piña que te la debo. Me agarró en frío
el maula. Pobre patrón, no quería creer. Con qué bronca me levanté. Ni sentía
las piernas, me lo quería comer ahí nomás. Mala suerte, pibe. Todo el mundo
cobra al final. La noche del Tani, te acordás pobre Tani, qué biaba. Se veía que
el Tani estaba de vuelta. Guapo el indio, me sacudía con todo, dale que va,
arriba, abajo. No me hacía nada, pobre Tani. Y eso que cuando lo fui a saludar
al rincón me dolía bastante la cara, al fin y al cabo me arrimó una buena
leñada. Pobre Tani, vos sabés que me miró, yo le puse el guante en la cabeza y
me reía de contento, no me quería reír, te imaginás que no era de él, pobre
pibe. Me miró apenas, pero me hizo no sé qué. Todos me agarraban, pibe lindo,
pibe macho, ah criollo, y el Tani quieto entre los de él, más chatos que cinco
e'queso. Pobre Tani. Por qué me acuerdo de él, decime un poco. A lo mejor yo lo
miré así al rubio esa noche. Qué sé yo, para acordarme estaba. Qué biaba,
hermano. Ahora no vas a andar disimulando. Te fajó y se acabó. Lo malo que yo no
quería creer. Estaba acostado en el hotel, y el patrón fumaba y fumaba, casi no
había luz. Me acuerdo que hacía calor. Después me pusieron hielo, fijáte un poco
yo con hielo. El trompa no decía nada, lo malo que no decía nada. Te juro que
tenía ganas de llorar, como cuando ella... Pero para qué te vas a hacer mala
sangre. Si llego a estar solo, te juro que moqueo. "Mala pata, patrón", le dije.
Qué más le iba a decir. Él dale que dale al tabaco. Fue suerte dormirme. Como
ahora, cada vez que agarro el sueño me saco la lotería. De día tenés la radio
que trajo la hermanita, la radio que... Parece mentira, ñato. Bueno, te oís unos
tanguitos y las transmisiones de los teatros. ¿Te gusta Canaro a vos? A mí
Fresedo, che, y Pedro Maffia. Si los habré visto en el ringside, me iban a ver
todas las veces. Podés pensar en eso, y se te acortan las horas. Pero a la noche
qué lata, viejo. Ni la radio, ni la hermanita, y en una de esas te agarra la
tos, y dale que dale, y por ahí uno de otra cama se rechifla y te pega un grito.
Pensar que antes... Fijáte que ahora me cabreo más que antes. En los diarios
salía que de pibe los peleaba a los carreros en la Quema. Puras macanas, che,
nunca me agarré a trompadas en la calle. Una o dos veces, y no por mi culpa, te
juro. Me podés creer. Cosas que pasan, estás con la barra, caen otros y en una
de esas se arma. No me gustaba, pero cuando me metí la primera vez me di cuenta
que era lindo. Claro, cómo no va a ser lindo si el que cobraba era el otro. De
pibe yo peleaba de zurda, no sabés lo que me gustaba fajar de zurda. Mi vieja se
descompuso la primera vez que me vio pelearme con uno que tenía como treinta
años. Se creía que me iba a matar, pobre vieja. Cuando el tipo se vino al suelo
no lo podía creer. Te voy a decir que yo tampoco, creéme que las primeras veces
me parecía cosa de suerte. Hasta que el amigo del trompa me fue a ver al club y
me dijo que había que seguir. Te acordás de esos tiempos, pibe. Qué pestos.
Había cada pesado que te la voglio dire. "Vos metele nomás", decía el amigo del
patrón. Después hablaba de profesionales, del Parque Romano, de River. Yo qué
sabía, si nunca tenía cincuenta guitas para ir a ver nada. También la noche que
me dio veinte pesos, qué alegrón. Fue con Tala, o con aquel flaco zurdo, ya ni
me acuerdo. Lo saqué en dos vueltas, ni me tocó. Vos sabés que siempre mezquiné
la cara. Si me llego a sospechar lo del rubio... Vos creés que tenés la pera de
fierro, y en eso te la hacen sonar de una piña. Qué fierro ni que ocho cuartos.
Veinte pesos, pibe, imagínate un poco. Le di cinco a la vieja, te juro que de
compadre, pa mostrarle. La pobre me quería poner agua de azahar en la muñeca
resentida. Cosas de la vieja, pobre. Si te fijás, fue la única que tenía esas
atenciones, porque la otra... Ahí tenés, apenas pienso en la otra, ya estoy de
vuelta en Nueva York. De Lanús casi no me acuerdo, se me borra todo. Un vestido
a cuadritos, sí, ahora veo, y el zaguán de Don Furcio, y también las mateadas.
Cómo me tenían en esa casa, los pibes se juntaban a mirarme por la reja, y ella
siempre pegando algún recorte de Crítica o de Última Hora en el álbum que había
empezado, o me mostraba las fotos del Gráfico. ¿Vos nunca te viste en foto? Te
hace impresión la primera vez, vos pensás pero ése soy yo, con esa cara. Después
te das cuenta que la foto es linda, casi siempre sos vos que estás fajando, o al
final con el brazo levantado. Yo venía con mi Graham Paige, imaginate, me
empilchaba para ir a verla, y el barrio se alborotaba. Era lindo matear en el
patio, y todos me preguntaban qué sé yo cuánta cosa. Yo a veces no podía creer
que era cierto, de noche antes de dormirme me decía que estaba soñando. Cuando
le compré el terreno a la vieja, qué barullo que hacían todos. El trompa era el
único que se quedaba tranquilo. "Hacés bien, pibe", decía, y dale al tabaco. Me
parece estarlo viendo la primera vez, en el club de la calle Lima. No, era en
Chacabuco, esperá que no me acuerdo, pero si era en Lima, infeliz, no te acordás
del vestuario todo de verde, con más mugre... Esa noche el entrenador me
presentó al patrón, resultaba que eran amigos, cuando me dijo el nombre casi me
agarro de las sogas, apenas lo vi que me miraba yo pensé: "Vino para verme
pelear", y cuando el entrenador me lo presentó me quería morir. Él no me había
dicho nunca nada, de puro rana, pero hizo bien, así yo iba subiendo despacio,
sin engolosinarme. Como el pobre zurdito, que lo llevaron a River en un año, y
en dos meses se vino abajo que daba miedo. En ese entonces no era macana, pibe.
Te venía cada tano de Italia, cada gallego que te daba miedo, y no te digo nada
de los rubios. Claro que a veces la gozabas, como la vez del príncipe. Eso fue
un plato, te juro, el príncipe en el ringside y el patrón que me dice en el
camarín: " No te andés con vueltas, no te vayas a dejar vistear que para eso los
yonis son una luz", y te acordás que decían que era el campeón de Inglaterra, o
qué sé yo qué cosa. Pobre rubio, lindo pibe. Me daba no sé qué cuando nos
saludamos, el tipo chamuyó una cosa que andá a entendele, y parecía que te iba a
salir a pelear con galera. El patrón no te vayas a creer que estaba muy
tranquilo, te puedo decir que él nunca se daba cuenta de cómo yo lo palpitaba.
Pobre trompa, se creía que no me daba cuenta. Che, y el príncipe ahí abajo, eso
fue grande, a la primera finta que me hace el rubio le largo la derecha en
gancho y se la meto justo justo. Te juro que me quedé frío cuando lo vi patas
arriba. Qué manera de dormir, pobre tipo. Esa vez no me dio gusto ganar, más
lindo hubiera sido una linda agarrada, cuatro o cinco vueltas como con el Tani o
con el yoni aquél, Herman se llamaba, uno que venía con un auto colorado y una
pinta bárbara... Cobró, pero fue lindo. Qué leñada, mama mía. No quería aflojar
y tenía más mañas que... Ahora que para mañas el Brujo, che. De donde me lo
fueron a sacar a ése. Era uruguayo, sabés, ya estaba acabado pero era peor que
los otros, se te pegaba como sanguijuela y andá sacátelo de encima. Meta
forcejeo, y el tipo con el guante por los ojos, pucha me daba una bronca. Al
final lo fajé feo, me dejó un claro y le entré con una ganas... Muñeco al suelo,
pibe. Muñeco al suelo fastrás... Vos sabés que me habían hecho un tango y todo.
Todavía me acuerdo un cacho, de Mataderos al centro, y del centro a Nueva York...
Me lo cantaban por todos lados, en los asados, por la radio... Era lindo oírse
en la radio, che, la vieja me escuchaba todas las peleas. Y vos sabés que ella
también me escuchaba, un día me dijo que me había conocido por la radio, porque
el hermano puso la pelea con uno de los tanos... ¿Vos te acordás de los tanos?
Yo no sé de dónde los iba a sacar el trompa, me los traía fresquitos de Italia,
y se armaban unas leñadas en River... Hasta me hizo pelear con dos hermanos, con
el primero fue colosal, al cuarto round se pone a llover, ñato, y nosotros con
ganas de seguirla porque el tanito era de ley y nos fajábamos que era un
contento, y en eso empezamos a refalar y dale al suelo yo, y al suelo él... Era
una pantomima, hermano... La suspendieron, que macana. A la otra vez el tano
cobró por las dos, y el patrón me puso con el hermano, y otro pesto... Qué
tiempos, pibe, aquí sí era lindo pelear, con toda la barra que venía, te acordás
de los carteles y las bocinas de auto, che, qué lío que armaban en la popular...
Una vez leí que el boxeador no oye nada cuando está peleando, qué macana, pibe.
Claro que oye, vos te creés que yo no oía distinto entre los gringos, menos mal
que lo tenía al trompa en el rincón, áperca, pibe, dale áperca. Y en el hotel, y
los cafés, qué cosa tan rara, che, no te hallabas ahí. Después el gimnasio, con
esos tipos que te hablaban y no les pescabas ni medio. Meta señas, pibe, como
los mudos. Menos mal que estaba ella y el patrón para chamuyar, y podíamos
matear en el hotel y de cuando en cuando caía un criollo y dale con los
autógrafos, y a ver si me lo fajás bien a ese gringo pa que aprendan cómo somos
los argentinos. No hablaban más que del campeonato, qué le vas a hacer, me
tenían fe, che, y me daban unas ganas de salir atropellando y no parar hasta el
campeón. Pero lo mismo pensaba todo el tiempo en Buenos Aires, y el patrón ponía
los discos de Carlitos y los de Pedro Maffia, y el tango que me hicieron, yo no
sé si sabés que me habían hecho un tango. Como a Legui, igualito. Y una vez me
acuerdo que fuimos con ella y el patrón a una playa, todo el día en el agua, fue
macanudo. No te creas que podía divertirme mucho, siempre con el entrenamiento y
la comida cuidada, y nada que hacerle, el trompa no me sacaba los ojos. "Ya te
vas a dar el gusto, pibe", me decía el trompa. Me acuerdo cuando la pelea con
Mocoroa, esa fue pelea. Vos sabés que dos meses antes ya lo tenía al patrón dale
que esa izquierda va mal, que no dejés entrar así, y me cambiaba los sparrings y
meta salto a la soga y bife jugoso... Menos mal que me dejaba matear un poco,
pero siempre me quedaba con sed de verde. Y vuelta a empezar todos los días,
tené cuidado con la derecha, la tirás muy abierta, mirá que el coso no es
macana. Te creés que yo no lo sabía, más de una vez lo fui a ver y me gustaba el
pibe, no se achicaba nunca, y un estilo, che. Vos sabés lo que es el estilo,
estás ahí y cuando hay que hacer una cosa vas y la hacés sobre el pucho, no como
esos que la empiezan a zapallazo limpio, dale que va, arriba abajo los tres
minutos. Una vez en El Gráfico un coso escribió que yo no tenía estilo. Me dio
una bronca, te juro. No te voy a decir que yo era como Rayito, eso era para ir a
verlo, pibe, y Mocoroa lo mismo. Yo qué te voy a decir, al rato de empezar ya
veía todo colorado y le metía nomás, pero no te vas a creer que no me daba
cuenta, solamente que me salía y si me salía bien para qué te vas a afligir. Vos
ves cómo fue con Rayito, está bien que no lo saqué pero lo pude. Y a Mocoroa
igual, qué querés. Flor de leñada, viejo, se me agachaba hasta el suelo y de
abajo me zampaba cada piña que te la debo. Y yo meta a la cara, te juro que a la
mitad ya estábamos con bronca y dale nomás. Esa vez no sentí nada, el patrón me
agarraba la cabeza y decía pibe no te abrás tanto, dale abajo, pibe, guarda la
derecha. Yo le oía todo pero después salíamos y meta biaba los dos, y hasta el
final que no podíamos más, fue algo grande. Vos sabés que esa noche después de
la pelea nos juntamos en un bodegón, estaba toda la barra y fue lindo verlo al
pibe que se reía, y me dijo qué fenómeno, che, cómo fajás, y yo le dije te gané
pero para mí que la empatamos, y todos brindaban y era un lío que no te puedo
contar... Lástima esta tos, te agarra descuidado y te dobla. Y bueno, ahora hay
que cuidarse, mucha leche y estar quieto, qué le vas a hacer. Una cosa que me
duele es que no te dejan levantar, a las cinco estoy despierto y meta mirar
p'arriba. Pensás y pensás, y siempre lo malo, claro. Y los sueños igual, la otra
noche, estaba peleando de nuevo con Peralta. Por qué justo tengo que venir a
embocarla en esa pelea, pensá lo que fue, pibe, mejor no acordarse. Vos sabés lo
que es toda la barra ahí, todo de nuevo como antes, no como en Nueva York, con
los gringos... Y la barra del ringside, toda la hinchada, y unas ganas de ganar
para que vieran que... Otra que ganar, si no me salía nada, y vos sabés cómo
pegaba Víctor. Ya sé, ya sé, yo le ganaba con una mano, pero a la vuelta era
distinto. No tenía ánimo, che, el patrón menos todavía, qué te vas a entrenar
bien si estás triste. Y bueno, yo aquí era el campeón y él me desafió, tenía
derecho. No le voy a disparar, no te parece. El patrón pensaba que le podía
ganar por puntos, no te abrás mucho y no te cansés de entrada, mirá que aquél te
va a boxear todo el tiempo. Y claro, se me iba para todos lados, y después que
yo no estaba bien, con la barra ahí y todo te juro que tenía un cansancio en el
cuerpo... Como modorra, entendés, no te puedo explicar. A la mitad de la pelea
la empecé a pasar mal, después no me acuerdo mucho. Mejor no acordarse, no te
parece. Son cosas que para qué. Me quisiera olvidar de todo. Mejor dormirse,
total aunque soñés con las peleas a veces le acertás una linda y la gozás de
nuevo. Como cuando el príncipe, qué plato. Pero mejor cuando no soñás, pibe, y
estás durmiendo que es un gusto y no tosés ni nada, meta dormir nomás toda la
noche dale que dale.
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