Capítulo 39
Por supuesto Oliveira no iba a contarle a Traveler que en la
escala de Montevideo había andado por los barrios bajos, preguntando y mirando,
tomándose un par de cañas para hacer entrar en confianza a algún morocho. Y que
nada, salvo que había un montón de edificios nuevos y que en el puerto, donde
había pasado la última hora antes de que zarpara el Andrea C, el agua estaba
llena de pescados muertos flotando panza arriba, y entre los pescados uno que
otro preservativo ondulando despacito en el agua grasienta. No quedaba más que
volverse al barco, pensando que a lo mejor Lucca, que a lo mejor realmente había
sido Lucca o Peruggia. Y todo tan al divino cohete.
Antes de desembarcar en la mamá patria, Oliveira había
decidido que todo lo pasado no era pasado y que solamente una falacia mental
como tantas otras podía permitirme el fácil expediente de imaginar un futuro
abonado por los juegos ya jugados. Entendió (solo en la proa, al amanecer, en la
niebla amarilla de la rada) que nada había cambiado si él decidía plantarse,
rechazar las soluciones de facilidad. La madurez, suponiendo que tal cosa
existiese, era en último término una hipocresía. Nada estaba maduro, nada podía
ser más natural que esa mujer con un gato en la canasta, esperándolo a lado de
Manolo Traveler, se pareciera un poco a esa otra mujer que (pero de qué le había
servido andar por los barrios bajos de Montevideo, tomarse un taxi hasta el
borde del Cerro, consultando viejas direcciones reconstruidas por una memoria
indócil). Había que seguir, o recomenzar o terminar: todavía no había puente.
Con una valija en la mano, enderezó para el lado de una parrilla del puerto,
donde una noche alquien medio curda le había contado anécdotas del payador
Betinoti, y de cómo cantaba aquel vals: Mi diagnóstico es sencillo: / Sé que no
tengo remedio. La idea de la palabra diagnóstico metida en un vals le había
parecido irresistible a Oliveira, pero ahora se repetía los versos con un aire
sentencioso, mientras Traveler le contaba del circo, de K.O. Lausse y hasta de
Juan Perón.
Copyrigth 2002© Todos los derechos reservados